
Nueva York es una ciudad que resulta extraordinariamente familiar, son tantas las películas y series que se han rodado en sus calles, que nada parece ajeno. Y probablemente por el mismo motivo muchos de sus espacios los había imaginado más grandes de lo que son en realidad.
El regreso me deja con una lista de planes pendientes, puede que incluso mayor que con los que me fui, y sobre todo de buenos momentos y recuerdos. Sería imposible seleccionar solo uno porque es una ciudad que no te deja de sorprender:
City Hall Park: En Lower Manhantan, al norte del World Trade Center y frente al Ayuntamiento se encuentra este tranquilo parque en el que los neyorquinos disfrutan del tiempo que tienen para comer, y que también dispone de mesas de piedra para jugar al ajedrez. Resultó un lugar fantástico para tomar un café entre las largas caminatas.
The New York Public Library: Recorrer las silenciosas salas de la biblioteca pública de Nueva York resulta un placer para cualquier persona amante de los libros. Además de la impresionante sala de lectura, este edificio situado en la 5ª Avenida alberga excelentes exposiciones temporales como (1609-2009) Mapping Newyork´s shoreline que podrá verse hasta el 26 de junio de este año.
Heights Café: En el número 84 de la calle Montague descubrí este lugar de encuentro para los habitantes de Brooklyn. Un lugar cercano a Brooklyn Promenade donde no hay que perderse la sopa del día y los huevos benedictinos en la hora del brunch a precios razonables. Y además, a unos metros en Remsen Street, se encuentra la casa en la que vivió Henry Miller.
Son lugares de una ciudad en la que conviven personas de todas las partes del mundo y que no deja a nadie indiferente.
Imagen de la biblioteca pública







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