
Veintiuna ediciones avalan el que es para mí el buque insignia del verano gijonés y la propuesta más original de su temporada estival.
La Semana Negra vuelve a sus orígenes en la Playa de Poniente. El Ayuntamiento de Gijón se ha visto obligado a trasladarla desde la Guía tras la sentencia judicial sobre los ruidos generados, que daba razón a los vecinos de la zona (de seguir así los jueces, las ciudades dejarán de poder realizar eventos al aire libre).
El cambio de ubicación ha supuesto una reducción de tamaño considerable. Personalmente me gustaba más el emplazamiento anterior. Pero eso no ha impedido que ayer desde la Estación de Chamartin partiese el Tren Negro con más de 140 escritores, periodistas y artistas hasta Gijón.
De ediciones anteriores me quedó con el concierto que ofreció un desconocido Ismael Serrano o el la lectura de poemas con que nos deleitaron Joaquín Sabina, Los Taibo y nuestro ángel, Angel González (al que se recordará el viernes 18).
Este año se vuelve imprescindible visitar las exposiciones “1968″ y “Violaciones de los derechos humanos en Colombia, Guatemala, Kenia e Irak”. Muy recomendables son las tertulias que modera el avilesino Jorge Iván Ardiz o el concierto de Carabina 30-30. Además se puede charlar con Jorge Semprún o Anne Perry.
En definitiva un programa para todos los gustos, para una semana que el Partido Popular ha atacado de forma insistente, llegando a asegurar en alguna campaña electoral que acabarían con este “Walt Disney de los rojos”.
La Semana Negra también es espacio de ocio, con atracciones de feria, restaurantes y bares que garantizan una noche larga.

Imprescindible visitar “La bodeguita del medio”.
Imagen de la letras de la Semana Negra de Soroll
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