Sobre la legitimidad y respeto

Los casos de corrupción que se han salido a la luz en los últimos meses no ha contribuido a incrementar la confianza en un sistema que persigue y descubre a quienes se lucran de la actividad pública. Por el contrario crece la desafección de los ciudadanos y ciudadanas con la Política porque cae la percepción de satisfacción y confianza en quienes hemos sido elegidos para representarlos. Se está generando así una sensación muy perniciosa que más allá de cuestionarse la eficacia del sistema democrático se cuestiona su propia legitimidad.

Es cierto que la calidad objetiva de nuestra democracia no tiene porque coincidir con la que los ciudadanos y ciudadanas perciben, quizás porque ésta es más próxima con la que se publica en unos medios de comunicación cada vez más polarizados y alienados con los partidos políticos. La objetividad se diluye por defender a los que se consideran propios o atacar al adversario. En esta guerra de trincheras mediática se tienen una mayor presencia mediática en la medida que se agrede.

A su vez son cada día más los ciudadanos y ciudadanas que solo se informan por aquellos periodicos, televisiones y radios que consideran afines. Poner fin a las estridencias que están configurando este circo mediático no resulta fácil.

¿Como romper con esta espiral? Solo los datos y la veracidad pueden desmentir a los falsificadores de la realidad. Estamos ante la necesidad de que realicemos un ejercicio de respeto con el adversario político que permita a los ciudadanos y ciudadanas beneficiarse del derecho a participar en el debate político.

Imagen del Congreso de los Diputados de Laura Padgett

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