Desde que Patxi López anunciara el 1 de marzo por la noche que se encuentra legitimado para presentar su candidatura a lehendakari no han dejado de lloverle las críticas de dirigentes del Partido Nacionalista Vasco. Hasta el punto de que el Presidente del PNV, Iñigo Urkullu ha acusado al PSE de dar un “golpe institucional”.
Le tiemblan las piernas, que no la lengua a los dirigentes del Partido Nacionalista Vasco que ven como su enquistamiento en el poder puede estar viviendo sus últimos días. Porque el PNV cree que su poder en Euskadi tiene un origen divino, que les pertenece y que tienen más derechos que otros a él.
Patxi López no ha tardado en aclarar una serie de cuestiones que atacaban directamente la legitimidad de la democracia y del resultado electoral del pasado domingo.
Este ha sido un proceso limpio y legítimo, de la misma forma que lo fué hace cuatro años cuando el resultado fue el Tripartito. Porque la democracia no solo es válida cuando el resultado nos satisface, sino también cuando los y las votantes no responden como nos gustaría.
El PNV es un partido más, no es el régimen ni la religión de Euskadi. No se abrirán los infiernos si el PNV no gobierna Euskadi. Al contrario la alternacia política es una de las claves de la democracia, permite la regeneración de los partidos y de la política. Y además en este caso en que se ha argumentado y actuado creando bloques, generando miedos y enfrentando a unos y otros no solo es bueno sino necesario.
El PNV gobierna en las diputaciones de Guipuzcoa y Álava siendo la segunda y tercera fuerza política, y nunca se han cuestionado su legitimidad para hacerlo. Sin embargo consideran que no es legítimo que el PSE pueda gobiernar Euskadi siendo la segunda fuerza política.
Si el Partido Nacionalista Vasco está en la oposición tiene ante sí el reto de demostrar que puede y sabe hacer política fuera del gobierno. Hasta el momento se les nota demasiado el miedo.
También reflexionan sobre estos asuntos, Jessica, Cesar, Franesco, y Escolar





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