
He disfrutado de unos días en Bilbao, una ciudad para despertar los sentidos.
El olfato, porque Bilbao huele a pan recien hecho, a pasteles y pastas como los que en Arrese se hacen desde 1852. El oído, de los raíles de uno de los metros más modernos de Europa. El gusto por los pitxos del Casco Viejo, en la Plaza Nueva. La vista de un Bilbao de metales propios como el Guggenheim, o traídos temporalmente para disfrutar en la Gran Vía. Y como no, el tacto de un Bilbao que se llenó de abrazos al convertirse en encuentro con los amigos y amigas de Las Ideas.
Oh, Bilbao!
Imagenes de Pablo Pando
Tags: Ciudades


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