En 1992 a la concejala de cultura de Avilés, Mariví Monteserín, se le ocurrió que sería buena idea que los pobladores de la Villa del Adelantado compartiésemos mesa y mantel el lunes de Pascua.
Los primeros años las críticas fueron feroces, el año pasado 17.000 personas tomamos las calles y plazas del casco histórico. Los más jóvenes se reservan el parque de Ferrera.
Este año hemos tenido que enfrentarnos a la lluvia y el frío. Los soportales han servido para guarecer a algunos, los más valientes han desafiado los elementos o ingeniado trucos de lo más variopinto.

Para comer vale lo que traigas, desde los clásicos: empanadas, embutido y tortillas, hasta elaboradas paellas de marisco. Lo tradicional, y más hoy, la fabada, del concurso de amas de casa o la pantagruélica, preparada en una olla gigante con raciones para miles de personas.
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La lluvia, ni los malos tiempos, climatológicos. políticos y sociales han podido con esta fiesta ideada por el talento de Mariví Monteserín. No ha ocurrido así con su propuesta de potenciar el Carnaval, el buen clima, el calor tropical de Brasil y Canarias sí han podido con él. De todas formas, hay que reconocer las bondades de una fiesta popular como la Comida en la Calle de Avilés que constituye un ejemplo de tolerancia social e integración ciudadana de la que deberían aprender bastante los integrantes del Partido Popular a nivel local, regional, nacional y también europeo.
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Los intentos de crispación chocan con los deseos de la gente. La fiesta se ha consolidado año tras año y es seña de identidad de la ciudad.
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Pingback from El éxito de la comida en la calle | Nubes Negras on Abril 5, 2010 at 9:01 pm



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