Y fue. Súbitamente. De no ser, a ser consciente de que era.
El despertar de Adán a la vida. Así inicia la escritora nicaragüense Gioconda Belli “El infinito en la palma de la mano”, su libro más poético desde “La mujer habitada”.
Extendió la mano y ella acercó la suya, abierta. Sus palmas se tocaron. Midieron sus manos, brazos y piernas. Examinaron sus similitudes y diferencias. (…) El se sabía Adán y la sabía Eva. Ella quería saberlo todo.
Y Belli, nos ofrece descubrir el mundo como pudieron haberlo hecho el primer hombre y la primera mujer, adultos y a la vez niños. Un historia donde todo sucede por primera vez.
Así tras descubrir texto apócrifos la escritora nicaragüense decidió contarnos este mito desde otras perspectiva, apoyándose en su compromiso feminista para desterrar la idea de la Eva pecadora, culpable, causante de todos los males de la Humanidad, que nos ha vendido el catolicismo.
La dedicatoria de la autora: A las víctimas anónimas de la guerra de Irak. En algún lugar en esas tierras, entre el Tigris y el Eufrates hubo una vez un Paraíso.






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